Rescatan especie en Juan Fernández

El Mercurio de Valpo

Jueves 25 de junio de 2009
Hasta hace dos años, en el mundo sólo quedaba un ejemplar de la “Dendroseris gigantea”.

Preservar el patrimonio natural de nuestro país es una de las grandes tareas que lleva a cabo la Corporación Nacional Forestal, Conaf, razón por la cual hace años trabaja en la Isla Juan Fernández, específicamente en la isla Alejandro Selkirk, tratando de rescatar una de sus especies endémicas, la Dendroseris gigantea.
Hasta hace dos años, en el mundo solo quedaba un ejemplar de la especie Dendroseris gigantea, la que hoy se encuentra en peligro crítico de extinción, pero que gracias a un minucioso trabajo desarrollado por el Administrador y los Guardaparques del Parque Nacional Archipiélago de Juan Fernández, bajo administración de la Conaf Valparaíso, se ha logrado recuperar parcialmente la especie.

Antecedentes

La Dendroseris gigantea (Familia Asteraceae) fue avistada por primera vez en 1896, por el botánico Federico Johow, quien la describe y observa en varios sectores de la Isla Alejandro Selkirk. Desde entonces, hubo varios avistamientos por parte de diferentes científicos, caracterizándose siempre por una escasa población. El último individuo del que se tiene conocimiento fue catastrado en 1998, y hoy se encuentra en etapa de envejecimiento, en un lugar de muy difícil accesibilidad, a 650 metros sobre el nivel del mar, por lo que lograr su reproducción resulta vital.

Gracias al Plan de Conservación de Especies en Vías de Extinción de Conaf hoy ya se cuenta con nuevos individuos de D. gigantea, cultivados en viveros, algunos de los cuales ya fueron devueltos a su lugar de origen, al abrigo de la planta madre, en lo que fue una difícil tarea, como explica Iván Leiva, administrador del parque. “El único ejemplar que queda en la isla está ubicado a 12 horas de camino, ida y vuelta, por una ruta para escalamiento de gran complejidad, por cuanto es un terreno deleznable, que se disgrega fácilmente por su composición de roca volcánica, lo que hace muy difícil hacer anclaje”.

Leiva explicó que para poder iniciar este proceso de conservación, fueron necesarios ocho meses de monitoreo permanente a esta especie vegetal hasta rescatar semillas viables. Luego, tras dos años de cuidado en vivero e invernadero, se logró su germinación y crecimiento, y recientemente, en abril, ocho de ellas fueron reintroducidas en su hábitat, al abrigo de la planta madre. “De estas, cinco han logrado sobrevivir, ya que tres de ellas fueron depredadas por ratones”, agregó.

Juan Pablo Reyes, director regional Conaf Valparaíso, explica la importancia de este hito, “gracias al excelente trabajo realizado por el personal del Parque Nacional hemos iniciado la recuperación de una especie endémica de Chile, territorio que presenta el porcentaje más alto de endemismo en el continente sudamericano, seguido por Venezuela y Perú”.

Lactoris Fernandeziana – Archivos CONAF

Johow (1896) indica: ” Endémica de Masatierra. El género monotípico Lactoris, clasificado por Philippi en la familia de la Magnoliáceas, trasladado después erróneamente por Bentham a las Piperáceas i elevado por fin, por Engler al rango de familia independiente i afín de las Magnoliáceas, ofrece un interés jeográfico especialísimo por representar el único ejemplo de una familia que es endémica en una isla oceánica. Habita en la sombra de los bosques, desde 500 m sobre el mar hacia arriba; bastante rara. Portezuelo de Villagra, selvas del Yunque, cerros al interior de Pto. Inglés. Es un humilde arbustito mui ramoso que en su traje esterior recuerda las Peperomias i ciertas especies de Begonias. Sus tallos son redondos i mui nudosos i sus hojas pequeñas, transovadas i provistas de una ócrea, tal como se observa en los Polygonum. Las flores son muy poco conspicuas, polygamas monoicas i tienen un perianto simple. Todas las partes de la planta tienen gusto a pimienta”.

Skottsberg (1954) indica: “Endémica de Masatierra y confinada al cinturón de bosque húmedo de neblina desde el Pto. Francés hasta el Pto. Inglés sobre los 500 m, en toda esta área muy escasa, aunque no tan completamente rara como se supone. Densamente ramoso, tiene una forma mas o menos hemisférica, quizás mas correctamente, un árbol de corto vástago principal en miniatura. Máximo grosor 1,5 cm y 1,15 m de altura. Rebrota en otoño, las delicadas hojas glabras con un pliego a lo largo del nervio central y cubiertas por una ócrea hyalina. Flores terminales y axilares, 1 a 3 florece de noviembre a enero. Flores ya sea hemafroditas o femeninas (también masculinas según Hemsley), las axilares con una bracteola dorsal. semillas maduras en abril”.

Unico individuo cultivado en el Jardín Botánico Nacional de Viña del Mar, murió en junio de 2004 por ola de calor de invierno

La familia Lactoridaceae es endémica de la isla Robinson Crusoe. Uno de los pocos casos conocidos de una familia vegetal endémica de una isla. Lactoridaceae es una familia morfológicamente primitiva, vinculada a Magnoliidae, las primeras latifoliadas que aparecieron a fines del Cretácico hace 60 millones de años. La exacta afinidad taxonómica de L. fernandeziana es un incógnita aún, por cuanto los datos radiométricos sugieren que la flora endémica de las islas, es joven y ningún taxa aparentemente relictual llegó por dispersión durante el último par de millones de años, a menos que la especie arribó a las islas cuando estas estaban recién emergidas y luego la especie se haya extinguido en los continentes quizás durante los cambios climáticos del Pleistoceno (Vuilleumier, 1971; Simpson, 1974, 1975), lo cual pudo haber causado la pérdida en otros lugares con la sola permanencia en la isla donde permanece refugiada hasta hoy día (Stuessy, T. Sanders, R. et al. 1984). Su condición de especie arcaica es ratificada no obstante por la presencia del flavonoide isohammetin que sugiere una estrecha afinidad con las familias del orden Laurales, particularmente Gomortegaceae y Monimiaceae. Crawford, (D. et al. 1986). Lammers, T., et al. (1986), indica que aunque la familia se ha asociado a los ordenes Magnoliales, Laurales y Piperales, incluso se propuso un orden propio monotípico no validado, el orden Lactoridales (Dahlgren 1983, Walker & Walker 1984). Los análisis fenéticos, que estiman relaciones y permiten formular clasificaciones basadas en similitud de todo orden, sin consideración a la historia evolutiva del organismo, sugieren que Lactoridaceae se acomoda mejor en las Magnoliales y muy cercanamente a la familia Annonaceae. Los análisis cladísticos, por otra parte que reconstruyen los patrones de ramas filogenéticas de una manera definida y aplicada repetitivamente, indican que la familia es un miembro derivado de las Magnoliales, con afinidades a Annonaceae, Eupomatiaceae, Himantandraceae, y Myristicaceae. Respecto de su estado de conservación L.. fernandeziana es una especie escasa. Después de su última expedición a las islas en 1955, Skottsberg temió que Lactoris se hubiera extinguido, sin embargo durante la expedición Chileno–Norteamericana de 1965, se descubrieron cuatro plantas maduras y algunas plántulas de regeneración en dos diferentes localidades. Posteriormente, seis plantas fueron localizadas en cinco sitios durante la expedición conjunta Universidad de Concepción–Ohio State University en 1980 y 1984. La última evaluación de la especie hecha por la bióloga Marcia Ricci contabilizó 960 individuos que crecen sobre 450 m.s.n.m. en el cordón de cerros que cruza la isla Robinson Crusoe desde la Piña hasta quebrada Villagra y Cerro Alto (Ricci, M., 2001)

Aunque su escaso número total de individuos obliga a clasificarla como especie amenazada de acuerdo a los criterios actuales, su situación en la isla es de franca recuperación, las plantas están en buenas condiciones y regeneran normalmente, de acuerdo a reconocimientos de profesionales y guardas de CONAF que la han prospectado en diversos lugares de los cordones montañosos desde la Piña en Pto. Francés, hasta el Mirador de Selkirk.

Parte II

Parte III

Parte IV

Parte V

Parte VI

Parte VII

Parte VIII

Parte IX

Doce puntos críticos para salvar la biodiversidad del Archipiélago Juan Fernández, su verdadero tesoro.

Escrito por Carlos González Isla, El Mostrador

Jueves, 02 De Marzo De 2006

Existe consenso en torno a que el gran tesoro del archipiélago de Juan Fernández no está bajo tierra, sino sobre ella. Las islas que lo componen: Robinson Crusoe, Santa Clara y Marinero Alejandro Selkirk, albergan un alto porcentaje de especies endémicas que transforman al lugar en uno de los más ricos del planeta en cuanto a biodiversidad, a tal punto que se le denomina la “Galápagos de la flora”.

Sin embargo, muchas especies podrían desaparecer en los próximos cinco años de no adoptarse medidas concretas en doce áreas críticas de conservación que acaba de definir la Fundación Biodiversa, en conjunto con los guardaparques de la Corporación Nacional Forestal (Conaf) que protegen el Archipiélago, el cual en un 96% es parque nacional.

Aarón Cavieres de Biodiversa “Si uno pudiera hacer una analogía con un incendio, podríamos decir que las especies invasoras (maqui, mora, murta, conejos, chaquetas amarillas, etc.) están incendiando el archipiélago a una tasa muy acelerada”, advierte Aarón Cavieres.

Para frenar una inminente catástrofe ecológica, Cavieres explica que la Comisión Nacional de Medio Ambiente (Conama) ya entregó su respaldo a un proyecto de bioseguridad, que será presentado junto a la Conaf al Fondo del Medio Ambiente Mundial a más tardar a fin de año.“Es un proyecto de 1.600 mil dólares para hacer un diagnóstico rápido y enfrentar estas amenazas en forma urgente. Pero además para establecer un sistema de bioseguridad.”, afirmó.

PROYECTO EN MARCHA

En la actualidad, el Parque Nacional Juan Fernández es custodiado por un administrador y nueve guardaparques, quienes conocen mejor que nadie lo que sucede en el archipiélago, motivo por el cual se transformaron inevitablemente en los responsables de determinar las doce áreas de riesgo.

El resultado de su trabajo está contenido en el informe denominado “Planificación de la conservación de la biodiversidad basado en el conocimiento de los guardaparques” y es resultado de la aplicación de un proyecto mayor conocido como Estrategia de Desarrollo Sustentable para el archipiélago de Juan Fernández que se encuentra en pleno desarrollo.

Esta iniciativa, dirigida por Cavieres, busca involucrar a toda la comunidad local en la planificación estratégica de la isla, contando para ello con apoyo financiero de la Fundación Avina, más el patrocinio de Gobernación de Valparaíso, Conaf y el del municipio isleño.

“Los guardaparques hicieron un mapeo de la distribución de las especies en peligro, de las formaciones vegetales y su estado, del avance de las especies invasoras y sobre esa base se dice: bueno, si tenemos que atacar estos temas y no tenemos mucha plata… dónde ejecutar las acciones más urgentes. Sobre esa base, se procedió a determinar las prioridades de acción de conservación. Eso es lo valioso, porque en definitiva se está integrando la acción de los guardaparques en la planificación, cuestión que antes no se realizaba”, indicó Cavieres.

GUERRA POR EL TERRITORIO

En los doce puntos críticos existe una verdadera “guerra” por el territorio, entre las especies propias de la isla y las provenientes del continente. Estos son los cerros: El Yunque, Damajuana y Alto; las loberías Tierras Blancas y Los Ramplones; además de los sitios, Piedra Agujereada, La Piña y Piedra Agujereada, La Pascua, Vaquería, morro de Juanango, plazoleta del Yunque y mirador de Selkirk.

La competencia ha derivado en que se encuentren en verdadero riesgo las siguientes aves: el Picaflor Rojo; las gaviotas costeras conocidas como Fardelas, el Cachudito; así como también el lobo marino y diversas especies de flora vascular. Los responsables de la catástrofe, al margen del hombre, lo constituyen: el conejo, que se mueve por toda la isla; el coatí; la cabra; el zorzal; la chaqueta amarilla, que llegó hace tres años, cubriendo actualmente parte importante del territorio de Robinson Crusoe; y la icerya o conchuela. El mismo daño a ras de suelo lo hacen el maqui, la mora, la murta, la amapola, el pino, el ciprés, y el eucalipto.

Para el guardaparque Guillermo Araya, uno de los autores del estudio, la idea es que el esfuerzo realizado no se quede en el papel, sino que se puedan destinar los recursos necesarios para resguardar la biodiversidad del parque. Según reconoce, aparte del dinero destinado a sueldos, Juan Fernández recibe sólo doce millones de pesos anuales para gastos operativos, lo que a todas luces es un presupuesto estrecho para enfrentar el problema de las flora y fauna que amenaza las 9 mil 700 hectáreas del parque.

En particular, una de sus principales preocupaciones la constituye la presencia del conejo, el que incluso ha llegado hasta las partes más altas de la isla, es decir, las mejor conservadas: “En lugares de difícil acceso como El Yunque, se han encontrado muestras de fecas, lo que es un indicador de su presencia”, dijo Araya.

Mención aparte merecen el aumento de la población canina que amenaza la vida de las crías -“popitos”- de los lobos marinos, especialmente en el sector de Tierras Blancas. Es por ello, que se pedirá a los pobladores que se responsabilicen del cuidado de los perros, de lo contrario tendrán que sacrificar a los más que ataquen más de una vez, sostuvo el guardaparque.

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